Trabajando contra el castigo en las favelas: las iniciativas de Promundo en Brasil

Según los resultados de una encuesta realizada por Promundo en tres barrios desfavorecidos de Río de Janeiro, entre el 60 y el 77% de los padres habían utilizado, durante los últimos tres meses, diferentes modalidades de violencia física hacia sus niños. Golpes, bofetadas y palizas fueron más frecuentes para los chicos de entre 4 y 12 años. La situación de estos niños se enmarca en una contexto de violencia familiar asumido por los consultados en la encuesta: entre el 22% y el 44% afirmó haber vivido incidencias de violencia física hacia los adultos, sobre todo de hombres contra mujeres.
El castigo corporal y el abuso infantil también están muy extendidos entre la clase media de Brasil y de todo el mundo, sin embargo, en estos casos de pobreza se asocia a la limitación de oportunidades, a tensiones financieras, físicas y emocionales y a desigualdades sociales que representan formas de violencia contra los niños y las familias. En las “favelas”las desigualdades estructurales contribuyen, por ejemplo, a la existencia de grupos armados que trafican y controlan el comercio de drogas y otras actividades delictivas. Los “comandos” o “bandidos” reclutan jóvenes de las “favelas” y entablan conflictos con los “comandos” rivales y la policía. Este contexto ejerce una gran tensión en los padres que, con frecuencia, adoptan medidas extremas para garantizar la seguridad de sus hijos, como encerrarlos en casa o abofetearlos y golpearlos si éstos no les obedecen cuando les ordenan que entren a la casa para alejarse de la violencia. La situación se agrava debido a una falta de actividades recreativas y de programas para niños pequeños o extraescolares, que podrían ofrecer espacios seguros para los niños cuando se encuentran fuera de casa. Las palabras de las madres así lo describen:
Vivimos con miedo… cuando escuchamos disparos, salimos corriendo… nos escondemos bajo la cama… [mis hijos] dicen que están atemorizados. Este no es un buen sitio para criar a un niño”. Madre de niño de menos de 5 años del Barrio de Bangu. La violencia viene de ambos lados: los ‘bandidos’ y la policía. Dependiendo de donde vives es posible que confíes más en los ‘bandidos’ que en la policía” dice otra madre de un niño de menos de 5 años del Barrio de Bangu.
Sabemos que nuestros hijos necesitan jugar… que no deberían estar encerrados en casa. Quieren salir a jugar. Pero sabemos que están más seguros en casa. Hay demasiados peligros ahí fuera”. Madre de niño de menos de 5 años, Barrio de Santa Marta.
Sin desestimar las acciones relativas a casos graves de abuso, abandono y violencia es necesario identificar y trabajar sobre las formas de castigo físico para evitar los traumas asociados. Un concepto de prevención basado en el aspecto inherente de la “interacción adultoniño”, es decir, en la percepción de los niños como sujetos de derechos o, por el contrario, como seres objeto o inferiores que deben ser moldeados por sus padres. Adicionalmente, desde la perspectiva del desarrollo infantil, si los padres ofrecen a sus hijos respeto y “calidad como persona” desde los primeros momentos de sus vidas, los niños son más susceptibles a desarrollar una mayor confianza en sí mismos y una mejor capacidad para interactuar con el mundo que los rodea.
A primera vista, las actividades de Promundo sugieren un panorama pesimista para los niños que viven en las “favelas”. No obstante, se pueden encontrar padres y cuidadores que no creen en el uso de la violencia física contra los niños y que han encontrado alternativas. A través de entrevistas a los padres sobre las relaciones con sus hijos, su conocimiento y uso de los servicios existentes y el uso (o no) del castigo físico y otras formas de violencia, pudimos establecer cuatro categorías: 1. Los padres que utilizan, justifican y ven como práctica educacional válida el castigo físico 2. Los padres que, a pesar de oponerse al castigo corporal en un principio, algunas veces (o con frecuencia) lo utilizan porque pierden el control o porque no conocen otra manera de actuar. 3. Los padres que utilizan formas graves de violencia física contra sus hijos y muestran sentimientos negativos hacia ellos (violencia que se podría clasificar como abuso). 4. Los padres que no creen en el castigo físico y que, en su mayoría, utilizan formas no violentas de disciplina. Algunos utilizan la agresión verbal y las amenazas; otros demuestran relaciones basadas en el respeto, el diálogo y la negociación. Esta última nos brindó la mejor oportunidad para diseñar intervenciones basadas en la comunidad. El testimonio de estos padres nos indujo a identificar varios factores clave: sus experiencias de violencia o no durante la infancia, sus conocimientos, creencias y experiencias de formas no violentas de disciplina, su descripción sobre los derechos de los niños y su creencia en los mismos y la conciencia de que el estilo de interacción de los padres puede ejercer una influencia en la forma en que sus hijos interactúan con los demás. Algunos padres se sentían preocupados sobre la percepción que sus hijos tendrían de ellos y comprendieron que si representaban un modelo de comportamiento violento, sus hijos serían más susceptibles a repetir el mismo comportamiento al interactuar con los demás. Las siguientes citas ilustran la percepción de estos padres en relación al problema: “¿Golpear a los niños tan sólo genera miedo… Si lo hacemos, es posible que nos tengan miedo, pero no nos respetarán”. Padre de niños adolescentes. “Hablo con mis hijos y, si es necesario, les digo que se tomen un momento de reflexión. Creo que debe hacerse mediante el diálogo. Si la violencia fuese eficaz, ¿cómo es posible que haya tantos internos en prisión que recibieron palizas durante su infancia y no sirvió de nada?”. Madre de niños con menos de 6 años.
Prácticamente todos los padres entrevistados (aquellos que utilizaban la violencia y los que no) demostraron un nivel bastante alto de conocimiento sobre la legalización de los derechos de los niños en Brasil, así como sobre los aspectos básicos del desarrollo infantil. Obviamente, a pesar de que dicho conocimiento es importante, existen otras condiciones, factores y características más importantes para explicar la utilización o no del castigo físico. La clave parece estar en la calidad de la interacción entre los padres y sus hijos y, en segundo lugar, en la concepción de sus hijos como seres humanos completos, con pensamiento individual y derechos. Los padres que creen en ello no permiten que sus hijos hagan todo lo que quieren ya que tienen la responsabilidad de proteger y cuidar a sus hijos. También consideran que tienen poder sobre ellos pero que deben utilizarlo para proteger y enseñar, y no en dominar.
Un componente adicional de la investigación implicó la formulación de preguntas sobre el castigo físico a niños de edades comprendidas entre los 5 y los 12 años. Se utilizaron actividades, como los juegos de rol, el modelado de arcilla, el relato de cuentos y la pintura a través de los cuales los niños afirmaron sentir miedo, tristeza y enojo cuando se les sometía al castigo físico y sentirse extremadamente ofendidos durante los momentos, demasiado frecuentes, en los que sus padres no los escuchaban ni tomaban sus opiniones en consideración. Durante una sesión se pidió a los niños que imaginasen que eran padres y que sus hijos estuviesen comportándose mal. La mayoría de los niños comentaron que habrían charlado con su “hijo”, quizás hubiesen utilizado la técnica de la reflexión o lo hubiesen enviado a su cuarto. Se preguntó a los niños qué hubiesen hecho si, después de utilizar la técnica de la reflexión, sus “hijos” continuasen sin obedecerlos: un niño comentó enfadado: “Si mi hijo no me obedeciera, cogería la escoba y le pegaría como mi madre hace conmigo”.
Los resultados de la investigación, junto con las experiencias continuadas de Promundo con comunidades de clase desfavorecida, proporcionaron la base para la introducción de una serie de actividades designada para promover el debate acerca de la educación de los niños sin el uso de la violencia. Uno de los primeros pasos fue el desarrollo de un manual, llamado "Criar sin violencia, todas y todos podemos" dirigido a los trabajadores de la comunidad y que presenta una serie de actividades educativas en grupo que se puede realizar con padres. Entre ellas se incluyen los juegos de rol, los ejercicios de tormentas de ideas en grupo y las reflexiones personales acerca del castigo físico y del reconocimiento de los niños como “sujetos de derecho”, es decir, que los niños son “como los adultos”.
Como resultado de esta experiencia inicial, Promundo comenzó una nueva iniciativa dirigida a la reducción del castigo físico de los niños basada en la premisa de que el factor clave es la implicación de los padres en la reflexión crítica sobre la interacción padres-hijos y en el fomento de un entorno de apoyo en la comunidad que reúna a los portavoces de los padres y a otros miembros que ya cuestionan el uso de la violencia. La iniciativa utiliza cuatro componentes: grupos de debate entre padres, campañas de la comunidad para un entorno sin violencia, videos y panfletos educativos para fomentar la reflexión crítica y un modelo de evaluación de impacto. La parte central de esta evaluación es una escala de actitudes que mide hasta qué punto los padres perciben a sus hijos como sujetos de derecho.
Inicialmente, algunos trabajadores de la comunidad tuvieron dificultades debido a la aceptación extendida del castigo físico, sin embargo, después de una serie de sesiones en la que los padres reflexionaron acerca de lo que significa ser padre, observamos un cambio en sus actitudes. Hoy podemos decir que ,aunque que hay mucho por hacer, el trabajo mediante el proceso de reflexión crítica está comenzando a dar sus frutos.

Autores: Gary Barker y Tatiana Araujo. Publicado en revista Early Childhood Matters nº106, Junio de 2006 (Bernard van Leer Foundation). Título: Si los azoten funcionan ¿por que las prisiones están a rebozar?
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