Cuando Arcoiris me acercó el proyecto de complementación del Código de la Niñez y la Adolescencia con la prohibición del castigo físico para los niños y adolescentes por parte de los adultos, consideré que era una propuesta de trámite mucho más sencilla que la modificación de los procedimientos en el caso del tratamiento de los temas de maltrato y abuso o el todavía pendiente de las adopciones. Tal como lo pensé, tuvo un rápido trámite consensual en el Senado pero lo curioso fue la reacción posterior de la prensa que representa los intereses más conservadores y que generó, tanto en nuestro país como en la Argentina, una lluvia de preguntas sobre la intromisión en la potestad de los padres de definir cómo educan a sus hijos.Siempre pensé que el record de cuestionamientos y debates lo llevaba la larga discusión sobre un ejercicio libre y responsable de los derechos sexuales y reproductivos de las personas, pero evidentemente el ejercicio del poder hegemónico en nuestra sociedad, se conmovió también entre los adultos y sus prerrogativas. Lo curioso es que el establecimiento de un principio (que de eso se trata el texto incorporado en el Código de la Niñez y Adolescencia), llevó automáticamente a pensar que se estaba estableciendo un nuevo delito. De allí apreocuparse por saber cómo se controlaría, todo uno. Ese fue el tenor permanente de las preguntas de los y las periodistas. Obviamente sirvió para abrir la reflexión sobre el origen de la violencia en la sociedad y cuánta responsabilidad tenemos los buenos y buenas vecinas que tanto nos quejamos sobre los niños y adolescentes en situación de calle, en sus estrategias agresivas de sobrevivencia que nos agreden, etc.
Es curiosa la falta de reflexión a partir de nosotros y nosotras mismas que sobre el tema tiene la población en general y quienes tienen un medio de comunicación con todo su poder al alcance para construir nuevos parámetros de relación entre las personas. Los problemas parece que surgieran espontáneos y la consideración de la responsabilidad que nos cabe a los adultos ya sea en la vida familiar o como integrantes de cualquier institución que tiene relación con la niñez, brilla por su ausencia. Si la discusión de la equiparación jurídica por parte de la niñez y la adolescencia con el derecho entre adultos a nos ser agredidos en forma violenta o degradante bastó en el Senado, evidentemente falta mucho para que sea incorporado en la consideración popular.
El derecho de nuestras personitas en construcción a tener una educación en la que se establezcan límites no violentos, negociados permanentemente y fundamentados para construir una subjetividad no agresiva, debe ser trabajado en nuestra propia subjetividad de adultos y adultas que reflexionen sobre el uso del poder privado e institucional.
Y si. Se trata la mayoría de las veces de arrancar de raíces nuestros propios árboles para plantar otros menos rígidos y que conformen un bosque armonioso y no amenazante como el de los cuentos europeos que yo leía cuando era una niña.
*Senadora impulsora del proyecto
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