Hace unos meses estuvimos en Brasilia en un seminario sobre infancia y frentes parlamentarios. No teníamos conocimiento de la existencia de este tipo de organismos y realmente nos pareció, en varios sentidos, de un interés particular. Observando el caso de Brasil, con el “Frente Parlamentar em Defesa dos Direitos da Crianca e do Adolescente” que tiene ya 14 años, pudimos percibir que, pesar de hacer uso de la legitimidad parlamentaria para acceder a lugares en donde las puertas se abren más fácilmente ante la institución que ante un mensaje en especial, la experiencia se trata de una actividad de parlamentarios más que parlamentaria ya que no tiene una finalidad legislativa ni se superpone con las comisiones que tratan directa o indirectamente la temática de los niños, niñas y adolescentes.
Podría uno preguntarse si acaso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos no están también incluidos los niños, niñas y adolescentes. Obviamente que la respuesta es afirmativa y en esta posición se suelen amparar legítimamente quienes consideran innecesario las declaraciones o acciones por los derechos específicos de la infancia. Sin embargo, consideramos que dada la situación actual de la sociedad a nivel nacional y mundial es improbable que sin políticas activas y positivas logren acceder a la luz pública, con posibilidades de generar cambios, aquellos que aún no participan ostensivamente en el reparto de éxitos y fracasos, lujos y miserias, sino que le son derivados del mundo adulto.
En el Uruguay de hoy la pobreza recae mayormente sobre los niños, niñas y adolescentes
y, teniendo en cuenta que la primera infancia forja buena parte de la personalidad de los hombres y mujeres, sin duda que estas privaciones generarán condiciones desfavorables en el desarrollo de esos niños. Pero, aunque el principal drama es la cara infante de la pobreza, es necesario no desatender los derechos de los niños cuyas cunas han sido mejores. La exposición pública, el trabajo, la presión del éxito, la promoción del consumo, el castigo físico, es algo a lo que ningún niño debería estar sometido. Y para ello los adultos debemos procesar una transformación cultural.
Desde esta perspectiva surge la voluntad de aunar esfuerzos suprapartidarios que dialoguen sin superponerse al trabajo de los organismos dedicados a la materia, buscando la promoción de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en todas las áreas de la sociedad e incentivando un sentir colectivo nacional que vea en esto una tarea país, sin caer en los atajos tendientes a la construcción de ghettos culturales y promuevan el olvido.
Muchas veces se escucha a ciudadanos exhortar a los políticos a dejarse de peleas y trabajar por el país. Yo soy de los que defiendo el carácter conflictivo de la política, porque veo en nuestra sociedad intereses cuando menos contradictorios y la política es uno de sus terrenos de solución. Pero es por esto que nos apropiamos de la idea de un grupo parlamentario, sin distinción de cámaras y de adhesión voluntaria que nos convoca en nuestras convicciones comunes mínimas y nos permite trabajar fuera de la tonalidad partidaria por un interés que consideramos superior. Buscando tratar el tema en forma general y total, y no parcializando la realidad al ruido de lo noticioso o propagandístico.
Tengo una especial preocupación personal por incentivar a pensar nuestras políticas, prácticas y decisiones imaginando su repercusión en el Uruguay del 2025. ¿Hay acaso una preocupación mas tangible en sus efectos hacia ese Uruguay, que aquella que atañe a las nuevas generaciones? Esperamos que este Grupo Parlamentario por los Derechos de la Niñez y la Adolescencia incorpore la mayor cantidad de parlamentarios y se ponga cuanto antes al servicio de todos quienes en Uruguay dedican sus principales fuerzas a atender a nuestros gurises.
Podría uno preguntarse si acaso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos no están también incluidos los niños, niñas y adolescentes. Obviamente que la respuesta es afirmativa y en esta posición se suelen amparar legítimamente quienes consideran innecesario las declaraciones o acciones por los derechos específicos de la infancia. Sin embargo, consideramos que dada la situación actual de la sociedad a nivel nacional y mundial es improbable que sin políticas activas y positivas logren acceder a la luz pública, con posibilidades de generar cambios, aquellos que aún no participan ostensivamente en el reparto de éxitos y fracasos, lujos y miserias, sino que le son derivados del mundo adulto.
En el Uruguay de hoy la pobreza recae mayormente sobre los niños, niñas y adolescentes
y, teniendo en cuenta que la primera infancia forja buena parte de la personalidad de los hombres y mujeres, sin duda que estas privaciones generarán condiciones desfavorables en el desarrollo de esos niños. Pero, aunque el principal drama es la cara infante de la pobreza, es necesario no desatender los derechos de los niños cuyas cunas han sido mejores. La exposición pública, el trabajo, la presión del éxito, la promoción del consumo, el castigo físico, es algo a lo que ningún niño debería estar sometido. Y para ello los adultos debemos procesar una transformación cultural.
Desde esta perspectiva surge la voluntad de aunar esfuerzos suprapartidarios que dialoguen sin superponerse al trabajo de los organismos dedicados a la materia, buscando la promoción de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en todas las áreas de la sociedad e incentivando un sentir colectivo nacional que vea en esto una tarea país, sin caer en los atajos tendientes a la construcción de ghettos culturales y promuevan el olvido.
Muchas veces se escucha a ciudadanos exhortar a los políticos a dejarse de peleas y trabajar por el país. Yo soy de los que defiendo el carácter conflictivo de la política, porque veo en nuestra sociedad intereses cuando menos contradictorios y la política es uno de sus terrenos de solución. Pero es por esto que nos apropiamos de la idea de un grupo parlamentario, sin distinción de cámaras y de adhesión voluntaria que nos convoca en nuestras convicciones comunes mínimas y nos permite trabajar fuera de la tonalidad partidaria por un interés que consideramos superior. Buscando tratar el tema en forma general y total, y no parcializando la realidad al ruido de lo noticioso o propagandístico.
Tengo una especial preocupación personal por incentivar a pensar nuestras políticas, prácticas y decisiones imaginando su repercusión en el Uruguay del 2025. ¿Hay acaso una preocupación mas tangible en sus efectos hacia ese Uruguay, que aquella que atañe a las nuevas generaciones? Esperamos que este Grupo Parlamentario por los Derechos de la Niñez y la Adolescencia incorpore la mayor cantidad de parlamentarios y se ponga cuanto antes al servicio de todos quienes en Uruguay dedican sus principales fuerzas a atender a nuestros gurises.
* Diputado

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